sábado, 2 de abril de 2011

Que la rebeldía me sea eterna

¡Cuánto egoísmo hay en la calle!
Soy, quiero, ¡¡¡ESCUCHAME!!!, para mi es así, estás equivocado.
¿Cuántas de estas cosas, son, a diario el motor de las conversaciones? Nos estamos envolviendo cada vez más, en nuestro propio entorno. Vamos disminuyendo la apertura mental, creyendo que lo único que está bien, es lo que nosotros mismos pensamos. Nos negamos a escuchar otras opiniones, o peor, a pensarlas. No tenemos tiempo, no. Nada de tiempo. Preferimos malgastar absolutamente todas nuestras horas, en preocuparnos por lo que nosotros necesitamos, o peor... Lo que creemos necesitar. Muchas veces, no nos damos cuenta de que involucrándonos con los demás, podemos llegar a solucionar también, problemas propios. Pero no. No tenemos tiempo.
Pero para quejarnos sí, para eso sobran las horas. ¡Las inventamos! Disfrutamos de ver los errores de las personas, al querer alcanzar el cambio. Nos quejamos, ¡Ay! Pero fijate vos...¿ Cómo va a querer a "ese/a"? ¿Cómo va a pensar así? ¡Qué espanto!
Sí, un espanto. Un espanto no parar un segundo y pensar en qué estamos haciendo, en cuántas veces damos cátedra de los cambios que creemos necesarios, y nos damos media vuelta y aquí no ha pasado nada.

Pensemos, opinemos, critiquemos de manera constructiva... ACTUEMOS, seamos más valientes, abandonemos esas cosas que nos sirven sólo para escondernos y dar vuelta la mirada.

Tampoco con esto estoy actuando, o sí... Ya no hay nada más para escribir, llegó la hora de andar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario